jueves 26 de febrero de 2009

Tertulias en el polígono

Son las dos de la tarde. Hace ya un buen número de horas que comenzó la jornada y es tiempo de hacer un alto para comer. El tiempo que se dispone es escaso y no es recomendable dirigirse a casa, por lo que la comida se hace en el bar y, a la larga, hasta se consigue un cierto ambiente familiar, sucedáneo de aquel viejo propósito que pretendía fortalecer la ya maltrecha institución.

El asunto no es bonito, no pinta bien. La crisis, palabra profanada y vaciada de contenido, muestra su peor cara y, el paro, la mayor de las lacras, se ceba sobre la clase trabajadora, débil y vulnerable. Sujeto activo con ella y, generalmente, pasivo en tiempos de "bonanza".

Los temas de nuestros políticos de altura, los asuntos macroeconómicos y otras lindezas, sirven a quien sirven y para lo que sirven. Pero "el pueblo" nunca ha entendido de sutilezas y, eso sí, para no dejar de ser ciudadanos participativos, las hemos hecho nuestras, como auténticos forofos, defendiendo lo indefendible.

Huimos del compromiso, nos asusta y no estamos dispuestos, si quiera, a nombrar lo importante. Por eso es más fácil hacer de voceros de lo aparente y ser partícipes de una política auspiciada por intereses mediáticos, cuotas de pantalla e intenciones de voto.

La realidad es otra. Vemos como la empresa (nuestro trabajo) se tambalea, otras muchas ya han desaparecido, y miramos de reojo. Y nos sentimos estupendos cuando aportamos datos que ilustran el pobre rendimiento de nuestro sistema de enseñanza. O cuando somos capaces de recitar los casos de corrupción de nuestros políticos, de unos u otros, según convenga. Pero preferimos ser forofos de lo aparente, la información no genera conocimiento.

Somos varios sentados alrededor de la mesa, por qué no decirlo, muy bien atendidos por nuestro anfitrión. Los asuntos de la encendida tertulia versan sobre quién o qué es mejor o peor. El psoe, el pp, el juez, la cacería.. Todo ello a lo "Gran Hermano" y, mientras tanto, siete compañeros nuestros han perdido su trabajo. ¿O mejor decir que han abandonado la Casa?

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