domingo 13 de septiembre de 2009

El Camino de Santiago. La importancia del movimiento.

El año pasado acometí la empresa de viajar desde Mieza de la Ribera, pueblecito ubicado en las Arribes - Salamanca - , a Santiago de Compostela. El viaje lo realizé en bicicleta de montaña, y fueron siete jornadas mágicas. Menos a gusto me encontré en la última de ellas, la octava, con la llegada a Santiago.

Éste año, mi mujer y yo, nos hemos propuesto realizar el trayecto desde Roncesvalles a Santiago. Lo estamos haciendo a pie, con nuestra carga a cuestas, y, lógicamente, lo iremos completando en sucesivas etapas. Cuatro o cinco días dedicaremos a tal fin en nuestras vacaciones estivales, generalmente en el mes de Agosto.

Así hicimos en el pasado mes de Agosto y, tras llegar en coche a Roncesvalles, pernoctamos en el albergue de este legendario lugar. Por complicaciones, no bien previstas, sólo estuvimos 3 días en en marcha, hasta llegar a Pamplona. El balance ha sido positivo y la experiencia, enriquecedora: Ibañeta, Roncesvalles, Burguete, Espinal, Mezquiritz, Erro, Zuviri, Larrasoaña, Irotz, Zabaldika, Villava.. Bosques mágicos en otros tiempos que todavía conservan sabor, tierras en gran parte bañadas por el río Arga.

El Camino, hoy, como ayer, es, entre otras cosas, fuente de conocimiento y, también, bálsamo para aliviar las tensiones del día y día. Y esto ocurre, con mayor intensidad, una vez alejados, un cierto espacio, del considerado Alfa del Cámino Francés en nuestra Península, Roncesvalles. También me he percatado, por mi experiencia el año anterior, que la magia del viaje se interrumpe llegando a Monte Gozo, ya casi en el Omega absoluto, Santiago.

Pienso que se trata de una positiva experiencia y veo con claridad que Alfa y Omega, Nacimiento y Muerte, son realmente dos puntos sin especial interés en comparación, claro, con la riqueza puesta a nuestra disposición en el devenir entre estos dos puntos referenciales. En este discurrir, en lo que sucede durante el tránsito, es donde encontramos todo aquello que en realidad importa.

Eso sí, no hay Camino sin una partida y sin un final pese, como ocurre en mi caso, no gusten especialmente. Es más, seguiremos vivos, con vitalidad suficiente, si de cada final conseguimos hacer un nuevo principio.

Espero con ilusión reiniciar esta experiencia en el punto donde lo dejamos, Pamplona. Esto será, si nada lo impide, en Agosto del 2010.

1 comentarios:

  1. He encontrado este lugar para desde aquí agradecerte tu visita y comentario en mi blog. Efectivamente, tal como dices, el Camino te hace adipto a una naturaleza y a una manera de vivir. Este verano he vuelto (mi tercera vez) a ser peregrina. He hecho el Primitivo, desde Oviedo. Te lo recomiendo. Algo más pesado, exige más de ti, pero por eso mismo te sientes más entregado a él.
    Peregrino, un abrazo desde Holanda.

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